“Me di la libertad de hacer lo que me gustaba”
Un año atrás colgó el traje de actriz y se entregó de lleno al canto, una pasión que arrastra desde la infancia y que le permite compartir tiempo con sus hijas Violeta y Clara.
Soledad sabe lo que quiere. Y cuando quiere algo se apasiona. Como a los 15 cuando descubrió que quería actuar y lo hizo sin parar.
Desde entonces, se puso en la piel de personajes que se hicieron inolvidables. Curiosa por naturaleza, no dejo espacio sin explorar.
Paseo su larga melena oscura y su mirada clara de cejas pobladas por la televisión, el cine y el teatro. Y hasta se animo a poner su canto en ese éxito de los noventa llamado Glorias Porteñas. Pero que ese vértigo interpretativo no nos engañe. Ella es calmada, serena, pero no mansa. Aunque le cueste reconocerlo, es de esas personas que ponen la precisión de un relojero en cada cosa que hacen. En ella no hay apuros ni sobresaltos. Sabe tomarse sus tiempos para que las cosas salgan perfectas. Porque nada le da más placer que el trabajo hecho a conciencia. Como le gusta. Así fue como hace más de un año dejo su maleta de personajes y se tomó su tiempo. Tiempo para disfrutar de las morisquetas de Violeta y de los primeros pasos de Clara. Tiempo para descubrirse de otra
forma.
-Te armaste un repertorio, lo llevaste a escena y ahora sacaste tu primer disco, donde se escuchan valsecitos, milongas, tangos. Es un repertorio tradicional, que tiene que ver con las raíces criollas.
¿Significan algo en tu historia personal?
-Yo había incursionado en esas melodías de tipo campero en Glorias Porteñas y me puse a investigar. Me gustaba cantar esas músicas porque tenían mucho material interpretativo. Cada canción es como un cuento en el que una puede ponerse en la pel del personaje que retrata o del poeta que se inspiró. Es un repertorio de alto nivel poético combinado con algo de popular. No es música para eruditos.
-Mamá coreógrafa, hermano músico y una hermana bailarina de tango. ¿Escuchabas esta música de chica en tu casa?
-Para nada, De los autores que estoy haciendo ahora lo único que escuchaba era a Zitarrosa. A mi viejo le gustaba la música clásica, el jazz y algo de música brasileña. Y yo estaba con Serú Girán.
Tocaba rick nacional en la guitarra.
Cantaba todo el tiempo en fogones , reuniones, cumpleaños…
-¿Y cómo es subirte ahora alescenario, desnuda del personaje, en la piel de Soledad Villamil?
-Fue un cambio muy radical en mi experiencia como actriz. Subirme a un escenario siendo yo, comunicarme con el público desde ese lugar, fue algo totalmente distinto. Jugar con la respuesta del público, librada al aquí y ahora del show, es una novedad. Lo disfruto un montón.
-¿Cómo te animaste?
-Quería volver a cantar y, para hacerlo, quería encontrar un repertorio y un personaje que me gustara lo suficiente para volver a subirme a un escenario. Le estuve dando vueltas hasta que un día dije : “Subo yo. Al escenario, subo yo”.No me hacia falta tener un personaje que cantara dentro de un contexto teatral. No necesitaba ponerme en la piel de nadie.
-¿Qué te dejó esta experiencia?
-Me abrió otras puertas. Me fortaleció como artista y como persona. Pude tomarme mis tiempos para disfrutar de mi casa, de mis hijas.
Por suerte con su papá (Federico Olivera) tuvimos la suerte de poder trabajar e ir armando nuestros tiempos. Para mi es importante poder estar con ellas. Yo también padezco el dilema de las madres que debemos o queremos trabajar. En mi caso, tuve la suerte de querer trabajar y armar mis tiempos para ser madre presente. Los primeros años son muy importantes y pasan rápido.
Después de esta experiencia puedo decir que me di la libertad de hacer lo que me gustaba, poco a poco, sin presiones. Hacer este disco fue un trabajo inmenso. Pero había mucho amor puesto ahí.
Gabriela Guerra.
