MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE
La actriz se luce en un disco eminentemente campero. Valses, milongas, chamarras y algún que otro tango son los ritmos de este gran debut solista.
Después de aquella irrupción con el espectáculo Recuerdos son recuerdos -que protagonizaba con Rita Cortese, Silvio Cattáneo y Brian Chambouleyrón y otros- y su extensión Glorias Porteñas, Soledad Villamil tomó su tiempo para pergeñar una nueva idea artística.
Si aquellos primeros acercamientos a la música tenían un registro evocativo, levemente irónico y se fundamentaba en milongas, valses y tangos de los años ´20, este debut solista ensancha su punto de partida pero no pierde esa respiración de época entre rural y urbana. Exquisita en la elección del repertorio, la actriz se mueve cómoda en esa frontera de géneros que hace tiempo se definía lisa y llanamente como Canción nacional y que aquí brilla en la voz pequeña pero bien colocada de Villamil.
Haberse despojado de toda referencia teatral (referencia que la protegía en la compañía recuerdos son recuerdos) fue clave para su crecimiento como intérprete.
El título del CD, además de poco imaginativo, es elocuente.
Villamil incursiona en piezas esenciales y logra que temas de Zitarrosa (Chamarrita de una bailanta, Amor en entredicho) y Yupanqui (Milonga del solitario, El aromo, Vendedor de yuyos) alcancen nuevas dimensiones.
La cantante es del tipo de intérprete que permite el lucimiento del texto. Aún en temas fatigados como Adiós pampa mía (Mores-Pelay-Canaro), impone una impronta personal: en este caso, cercenándole esa estentórea épica de tanguería para convertirla en una íntima despedida. En la antípodas Villamil redescubre el hermoso El aguacero (J. González Castillo y Cátulo).
El cambio tímbrico respecto de la época de Recuerdos son recuerdos es notable.
Aquí el director musical, Jóse Téxido recurre a un tratamiento musical fuera del género tanguístico que redunda en más libertad en los arreglos. Además del repertorio Villamil supo elegir sabiamente su soporte musical. En esta senda, no va a pasar mucho tiempo para que la actriz que canta se transforme en la cantante que actúa.
O, mejor, que los dos oficios se disuelvan en un proyecto integral, como ocurría con aquellas gloriosas actrices y cancionistas de los años ´20 y ´30.
Foto: Criollita de mi pueblo, Villamil hace dos temas de Zitarrosa y tres de Yupanqui.
Además sorprende en notables versiones de “Adiós pampa mía”, “Palomita blanca” y “Temblando”.
Mariano del Mazo
